Encantado de Conocerte

"Si supiera que el mundo se acabará mañana, aún hoy plantaría un árbol" (Martin Luther King).

viernes 4 de noviembre de 2011

La fuerza de la ilusión




Hoy me levanté como todos los días, me tomé mi café y me dirigí hacia el trabajo. Durante el trayecto, como siempre, las noticias económicas inundaban las ondas; la desesperanza y el pesimismo contagiaba las mentes de aquellos con quienes me cruzaba y, a continuación, escuché que el CIS había publicado los resultados de sus encuestas y auguraban un arrollador triunfo de la derecha de Rajoy.


Al ir a desayunar con mis compañeros, escuché voces de muchos simpatizantes socialistas que transmitían discursos de brazos caídos, de lo inevitable de una victoria anunciada a bombo y platillo. Mi sensación, muy al contrario de lo que se pudiera creer, no fue la de dejarme llevar por la inercia del derrotismo. Sentía un calor cada vez más intenso dentro de mi. Pero no creáis que era por la rabia de la derrota adivinada. Ni muchísimo menos.






En mi nacía un sentimiento de indignación ante la desesperanza y la rendición de compañeros que hacíamos cada día latir el corazón del Estado de Bienestar. Trabajadores Sociales, Psicólogos, Educadores... todos refrendaban un discurso derrotista y resignado ante las noticias y los acontecimientos. Y yo, ante tal situación, no me conformaba, me negaba a pensar que las cosas son simplemente así. Que no existe la capacidad de luchar por algo que verdaderamente merece la pena.


Es verdad, las encuestas auguran un claro y rotundo vencedor, las noticias económicas no hacen más que culpar al gobierno de Zapatero de la situación actual y el desempleo no hace más que subir, por más que algunos que afirmaran vehementes que si se abarataba el despido sería más fácil para el empresario contratar y bajaría el paro.


Pues bien, ni mil encuestas negativas, ni cien millones de ataques malintencionados, ni más imposiciones de la Europa más neoliberal podrán negar un argumento que pisotea cualquier intento de agresión a la izquierda:


El socialismo es la ideología de las personas. Vivimos en un país que ha crecido, no sólo económicamente, si no sobre todo socialmente gracias a las políticas socialistas.


Ya suena a perogrullada decir que las pensiones, la sanidad y la escuela públicas y gratuitas, la ley de igualdad, la ley de protección de las víctimas de violencia de género, la ley de salud sexual y reproductiva, la ley de dependencia y un larguísimo etcétera son fruto del trabajo y el tesón de los socialistas. Somos los socialistas los que siempre hemos estado incontestablemente del lado de las personas, del lado de la defensa sin medias tintas de sus derechos, del lado de la igualdad y de la solidaridad.


Pero no sólo esto, con los gobiernos socialistas, es con los que más se ha incrementado del Salario Mínimo Interprofesional, este gobierno es el que no ha dejado de incrementar las pensiones más bajas, el gobierno socialista es el único que ha sido capaz de afrontar la necesidad de crear una estructura económica sostenible y de futuro, incentivando decididamente el uso de las energías renovables, promocionando empleos estables y de calidad en el sector social y fomentando el papel de la mujer en el mundo laboral a todos los niveles. Este es un gobierno que ha sido capaz de detectar los inestimables beneficios de propiciar una real y efectiva inserción laboral de las personas con alguna discapacidad y ha reconocido públicamente un trabajo que durante años ha estado denostado al oscurantismo de la esfera privada, el de las cuidadoras de personas dependientes.


Yo me niego a pensar que no hay nada que hacer. Los gobiernos socialistas nunca han adolecido de perder la ilusión ante nada ni ante nadie. Gracias a eso, las personas hemos crecido en derechos incansablemente, a pesar de los gobiernos de la oscura derecha que nos tocó vivir.


Por eso, en momentos como este, en los que cada uno de nosotros tenemos que estar a la altura de las circunstancias y demostrar nuestra apuesta decidida por las personas, yo apelo a la fuerza de la ilusión; sólo así conseguiremos arrancar a la sociedad la inercia de la justicia social y de lo bueno, lo eminentemente bueno. La bonomía de las políticas socialistas es algo que debe engendrar ese sentimiento capaz de tumbar cualquier oscuro augurio: la fuerza de la ilusión.

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