Encantado de Conocerte

"Si supiera que el mundo se acabará mañana, aún hoy plantaría un árbol" (Martin Luther King).

martes 30 de agosto de 2011

CARTA A MI MADRE



Han pasado cuatro días, cuatro largos días desde que te vi marcharte y creí que en un momento como este las palabras saldrían con mucha más facilidad; sin embargo, no es así. Cada vez que intento escribir una línea para poder decirte todo aquello que siento, algo viene a mi garganta para agarrarla y la deja seca, es imposible.
Sin embargo, hoy, después de tirarme horas y horas intentando recordar a qué olías, cómo era el tacto de tus manos y el sonido de tu voz, y alegrarme al saber que aún mantengo esos recuerdos y que están grabados a fuego, me atrevo a escribir estas líneas.
No creo que deba decirte qué significas para mi; no, no es solo una madre, es mucho más. Para mi, tú, eres un modelo, una mentora, esa cómplice de miradas escondidas cuando alguna situación nos hacía sorprendernos. Esa compinche en intenciones que nadie sospechaba. Para mi tú eras una compañera, alguien en quien podía confiar cualquier secreto y de quien siempre recibía un sosegado consejo. Alguien que era capaz de dirigirme sus inquietudes y preocupaciones sin ningún miedo a ser juzgada, porque yo soy tu hijo, como tu solías decir, “mi Jose”.
Recuerdo aquellas tardes eternas hablando sobre tu Asociación (El Laurel), sobre qué artículo escribir el día de la mujer, sobre qué proyecto presentar, discutiendo sobre las actuaciones realizadas en tal o cual proyecto… era de verdad algo muy enriquecedor. Tú siempre me decías “Jose, mírame esto que tú entiendes más”, pero te garantizo que yo aprendía mucho más de ti cada segundo.
Mi mente se llena de recuerdos maravillosos: los días en el “campo de la tita”, las paellas con “tus mujeres”, las visitas de tus sobrinos, los días en Jódar… hay una expresión tuya que, cuando aún no te habías ido, me hacía mucha gracia y ahora me ayuda a encarar los días con una sonrisa, ¿recuerdas cuando entrabas en la piscina del Hotel y decías eso de “¡hay qué ricura, padre cura!”? Eres increíble. Hay tantas y tantas expresiones y gestos…
Y es que es insoportable saber cómo la enfermedad, esta maldita enfermedad, ha conseguido, no sólo llevarte, si no también había conseguido borrar tantos y tantos recuerdos maravillosos de los 58 años anteriores de tu vida. El otro día estuve viendo unas fotos y te vi en la piscina riendo a carcajadas, en la puerta de la casa de la tita Loli con tus sobrinos, en casa celebrando un “austero” cumpleaños de papá con roscos, en tus bodas de plata mirándonos cómplices, sonrientes y con una inmensa felicidad… han sido tantos y tan buenos nuestros recuerdos… pero la verdad es que los de estos últimos 9 meses han sido devastadores; aunque también guardo unas imágenes deliciosas, a mí no me ha conseguido ganar la batalla de la memoria “el bicho”, como le llamaste en alguna ocasión: el día del cumpleaños de Rocío, que me dijiste que estabas fantásticamente bien, aquellas tardes de risas en casa con Paqui, Miriam y Papá… y sobre todo, el día 17 de agosto, tu cumple, cuando te llevamos el ramo de flores por la tarde, nunca podré olvidar la cara que pusiste, de hecho esa cara de alegría es la que me hace poder tirar para adelante.
Es verdad, los últimos días han sido duros, muy duros. Y probablemente aún queden por venir otros tantos, pero con esta carta también te quiero agradecer las experiencias que me has regalado estos meses: acompañarte a cada sesión de quimio (como te prometí), aclarar cada miedo o cada duda que te asaltaba, procurarte todo el bienestar que he podido regalándote pañuelos, sombreros, ayudándote cuando decidiste que te rapara la cabeza… pero sobre todo, quiero agradecerte que depositaras en mi la responsabilidad de cumplir tus últimos deseos; jamás olvidaré aquella tarde en el hospital, fue duro, pero yo lo considero un regalo inmenso, así como que el destino me permitiera agarrarte de la mano justo en el momento en que te marchaste. Como hoy he estado hablando con un amigo, me has regalado momentos y sensaciones que muchos hijos soñarían con poder vivir con sus madres.
Por todo eso, porque no hay persona que te haya conocido sobre la que no hayas dejado una huella muy profunda, porque no quiero que nunca dejes de hacerte sentir, porque toda tu familia está profundamente orgullosa de ti y de todo lo que has hecho, te doy las gracias, gracias por enseñarme todo lo que me has enseñado, por estar a mi lado siempre, por regalarme todo tu cariño, pero sobre todo, gracias por ser mi madre.
Te quiero.

2 comentarios:

  1. Despues de leer tu carta, lo que siento es lo injusto de la vida, a ella no le tocaba, no puedo de dejar de repetir estas palabras, no es que estuviera llena de vida, es que ella era vida. En mis recuerdo de infancia aparece en todos, y siento que con ella se me ha ido esa parte de mi vida. Mi tita Mari Carmen, para quien me conoce sabe que es como decir mi hermana mayor , esa que figura en el fondo de mi retina desde el día en que naci. Yo la queria , que digo, la sigo queriendo, la admiraba, y siempre me senti feliz y segura a su lado. Ahora espero que exista otra vida despues de esta, porque yo quiero volver a reime contigo y abrazarte. lola castro

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  2. Los ojos llorosos y la piel de gallina. Sin palabras.
    No tuve la suerte de conocerla tanto como a ti, pero estoy sin duda que una persona tan bella y un buen amigo como te considero, tuvo una gran mentora. Ánimo Jose!

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