
Hoy no quiero dar más discursos manidos, más frases prefabricadas. Hoy no quiero volver a repetir lo que, desde la más absoluta razón, se viene aseverando desde que comenzó a brillar el Sol de este 8 de marzo.
No voy a ser yo ahora quien descubra nada nuevo al respecto, pero sí que puedo contar lo que cada día se puede vivir en este mundo. Hoy sólo quiero contar lo que me alegra, lo que me indigna, aquello que me hace continuar gritando o aquello otro que aún continúo sin creerme.
Ayer cuando comencé el día, vi a una mujer en la que se reflejaba todo el dolor que había pasado en su vida: hija de un hombre que la ninguneaba, obligada a cargar con la responsabilidad de su casa desde los 12 años porque su madre, otra víctima, falleció cuando ella contaba tan temprana edad, a la que nada se le presentaba más que como una obligación, encargada del cuidado de ese padre, ya anciano y demente, y en la que no encontrabas ni un solo atisbo de rencor, todo lo contrario, sólo podías ver amor y cariño para con su familia. Pero, ¿y ella? su respuesta fue clara "yo no tengo tiempo de ponerme mala". Increíble.
En otra ocasión, encontré a una mujer de unos 35 años, que pertenecía a una familia de 6 miembros (4 hijos y el matrimonio) y que, al ser ella la única mujer, la familia había estimado que era ella la que debía asumir el cuidado de sus padres (él, con los típicos achaques de la edad y ella, enferma de Alzheimer desde hace más de 8 años). Esto provocó que ella olvidara su excelente expediente académico y se "resignara" al papel que se le había asignado. Como ella misma dice, "quién mejor que yo los va a cuidar. Son mis padres y es mi obligación". Tremendo.
Continuando con el día, vi a otra mujer de unos 40 años, con una importante distrofia muscular que la obligaba a estar en una silla de ruedas y le permitía una limitada movilidad en los brazos y manos. La verdad es que desprendía una alegría y una espíritu de superación que me hizo pensar. Hubo un comentario que hizo que me marcó profundamente "encima de discapacitada, mujer ¿qué puede esperar una persona como yo? Mi madre creía que cada uno tenía su lugar, los normales en un sitio y los minusválidos en otro, lo que ella no sabía es lo complicado que es ser normal para los que se creen normales". Esa afirmación fue para mí contundente. Nos creemos normales, independientes, autónomos... sin embargo, a la vez, nos definimos como seres sociales y, al menos yo, soy incapaz de desarrollar mi vida sin las personas de mi entorno y, aún más, sin las mujeres que hay en mi vida. Mi madre, que me dio la vida y me crió, mi esposa, compañera que me mantiene la vida y me ayuda en mi día a día, mis sobrinas, que me enseñan lo que viene en el futuro, de cuya inocencia y descaro aprendo todos los días.
Todas estas mujeres, por poner algún ejemplo, me han dejado una huella indeleble y hoy no por ser 8 de marzo, tienen para mí más valor, mejor dicho, es imposible que atesoren mayor valía.
Son mujeres anónimas, del día a día, capaces de cargar con todo y sin pedir nada a cambio.
Y, si más me preguntáis, me provocan un sentimiento de responsabilidad pues todos los hombres debemos tomar conciencia y posibilitar ese camino verdaderamente libre, esa capacidad real de ejercer todos los derechos que han conquistado con su lucha incansable, para que puedan aportar a esta maltrecha sociedad todo aquello que tanto necesitamos.
Es hora de que aprehendamos el hecho de que en este mundo sólo existen personas.
Por eso yo hoy y cada día cedo mi voz a todas las mujeres que lo necesiten, a todas las personas que lo requieran.
Ánimo y enhorabuena.
Para mí, lo más importante es ser personas. No soy muy partidaria de este tipo de días, como el de la mujer trabajadora o el del día contra la violencia de género. Si uno sabe realmente y de verdad, quién es, no hace alta demostrar nada a nadie. Para mí y por suerte, para cada vez más gente, las mujeres no tienen nada que demostrar. Aunque, quizá, puede ser que este tipo de días hayan contribuido a eso, a que muchas personas reflexionen sobre estos temas. Pero todo tiene su lado bueno y su lado malo. Todavía falta mucho, pero espero que llegue el día en que no haya que anotar estos días en el calendario, porque no tengamos que califcarnos de colectivo para el que hay que tener reservado un trato especial.
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